Nosotros afirmamos
que la preocupación por la identidad de la escuela, para descubrirla o
construirla, es importante para la tarea pedagógica por varias razones y todas
ellas con un gran carácter práctico y no sólo teórico.
1.- En primer lugar,
el descubrir y/o construir la identidad, es decir, configurar el cómo queremos
que sean los procesos de enseñanza, aprendizaje y desarrollo en la escuela
(habida cuenta que estamos de acuerdo en que estos tres son los factores
esenciales de la identidad) nos permite transformarla en un motor que impulsa
las mejores energías de los actores involucrados para conseguir, de manera
constante y permanente, la realización de adecuados procesos de enseñanza,
aprendizaje y desarrollo de los alumnos y los profesores. La identidad produce
fuerza, sinergia, pues con ella todos los elementos en juego quedan engarzados
entre si de tal manera, que se produce un natural equilibrio y armonía entre
las partes. La identifdad es motor y fuerza pedagógica.
2.- En segundo lugar,
la identidad es faro o guía de las muy diversas y complejas acciones que debemos
emprender cotidianamente en la escuela. Tener clara la identidad, haberla
reflexionado, acordado, profundizado, produce el hecho de que ella se
transforme, como por arte de magia, no sólo en motor y energía, sino en una
orientación final hacia donde caminar. Ella es faro y guía para la acción
pedagógica cotidiana en la cual se ven involucrados los principales actores
educativos de la Escuela.
Con seguridad le da sentido y proyección. Sin su luz,
evidentemente, surge el trabajo burocrático, el formalismo, el autoritarismo y
con ello, la perdida del espíritu pedagógico.
3.- Ella nos marca,
paso a paso, las señales del camino que es preciso recorrer para llegar a
nuestros objetivos y metas. Nada mas importante, entonces, que en el
cumplimiento de éstas tengamos señales claras en cada recodo del camino. La
identidad, con sus múltiples elementos, nos permite tener esas indicaciones y
es por ello que ésta no es solo motor o faro, sino además, una señal permanente
para conducir bien en el camino pedagógico.
4.- Por último ella
se convierte, al ser motor, faro y señal
permanente en un eje central que le da estabilidad y consistencia de sentido a
la actividad pedagógica, y por lo mismo, en un elemento de estabilidad institucional
de la escuela, con todo lo que ello implica para la estabilidad emocional y
laboral de sus principales actores educativos.
La identidad de la
escuela, el trabajar sobre ella para descubrirla y diseñarla en un proceso
continuo, es útil para la acción educativa cotidiana, ya que ella se impone por si misma como parte de
la filosofía educacional, del curriculum y del estilo pedagógico que debemos y
queremos llevar a cabo.
¿Donde descubrir o construir la identidad de la escuela?
Se
me ocurre, en primer lugar, que cuando hablamos de descubrir o construir la
identiudad de la escuela, es que ella es
un conjunto de elementos que pueden existir, y por lo tanto es necesario
descubrirlos, o son elementos que no están sino como realidad potencial y que,
por lo tanto, es preciso construirla, mediante acuerdos básicos en el equipo de
trabajo de la escuela, incluido, por cierto los padres y apoderados.
Propongo
a continuación un cuadro que nos puede facilitar la comprensión de los
elementos que deberíamos contemplar para descubrir o construir la identidad de
nuestra escuela:
![]() ![]() ![]() ![]() Paradigmas
de
la identidad de la Esc.
Elementos de análisis de la identidad
|
Modelos de vida.
|
Tradiciones específicas
existentes en la escuela y la comunidad
|
Pautas culturales y
valores globales vivenciados.
|
Historia y cultura del sistema educacional
nacional.
|
Personas
y
clima organizacional
|
||||
Estructura
y organización institucional
|
||||
El
entorno de la
escuela:
la comunidad circundante
|
||||
PROYECTO DE DESARROLLO EDUCATIVO
INSTITUCIONAL (PDEI) |
||||
Como se observa en este cuadro, la identidad de la escuela
debe plasmarse finalmente en un Proyecto de Desarrollo Educativo Institucional
(PDEI), pues así se confrontan los aspectos curriculares y pedagógicos de la
escuela, con los aspectos de su organización, administración y finanzas.
Del mismo modo en este PDEI se deben considerar los caminos
de entrada para construir la identidad. Estos son a lo menos dos: los elementos
básicos de análisis de la identidad de la escuela y los elementos
paradigmáticos con los cuales éstos se entrecruzan. Dedicaremos un momento a
cada uno de estos caminos:
Los elementos básicos de análisis de la identidad de la
escuela.
Los consideramos como las unidades básicas, que no pueden
dejar de ser tomadas en cuenta en cualquier análisis que se haga sobre la
escuela, si es que no se quiere perder la posibilidad de comprensión de la
identidad de la misma.
1.- Las personas y el clima organizacional en que ellas
viven es un primer elemento de análisis que debemos trabajar. La caracterización
de los actores que componen la escuela, sus tipos de relaciones y sus opiniones
intersubjetivas son importantes de considerar, ya que ellas, de una manera
directa o indirecta, crean un clima organizacional que condiciona el nacimiento
y el desarrollo de la identidad institucional.
2.- La estructura y organización institucional, es decir,
los elementos que conforman el lugar y todos los lugares de la ubicación de los
dintintos factores que configuran la escuela, es otro elemento importante de
ser considerado. La ubicación de las relaciones entre unos y otros factores (o
variables) que conforman la estructura de la organización institucional, es un
modo de configurar la identidad de la escuela.
Por el contrario, si su estructura organizacional es
horizontal necesariamente va a tender que en ella se den relaciones de mayor
igualdad entre sus miembros y por lo mismo con una mayor posibilidad de
democracia y trabajo en equipo. Por el contrario, una estructura organizacional
de tipo vertical tenderá a que las relaciones interpersonales que se den en su
interior sean de corte autoritario, con lidereazgos del mismo tipo, con una
gran dosis de concentración de poder en la toma de decisiones, por ejemplo.
De ahí la importancia de definir y clarificar el tipo de
estructura organizacional que tiene o queremos que tenga la Escuela y cómo esta
facilita o no el nacimiento y desarrollo de un tipo de identidad y no otra.
3.- El entorno de la escuela, la comunidad circundante, a
saber, los elementos de la comunidad que están directamente relacionados con la
marcha y desarrollo de la institución escolar, es un elemento que deberemos
considerar siempre, pues es preciso recordar que la Escuela no es un ente
aislado que tiene una existencia por sí
misma, sino que vive intercomunicada con la comunidad, a lo menos, a través de las personas de sus propios
alumnos que sirven de “correos inconcientes” entre sus familias y la escuela.
Está demás decir que las organizaciones que conviven en la
comunidad con la propia Escuela, ejercen presiones e influencias de muy
distinto tipo y niveles sobre la misma. Las empresas de la comuna, las
organizaciones de comerciantes, los clubes sociales y deportivos, las
organizaciones no gubernamentales, los centros de padres y apoderados, las
organizaciones gremiales (Colegio de Profesores, sindicatos, etc.), las
organizaciones juveniles, las pandillas y otros grupos informales, las iglesias
y tantas otras organizaciones, tienen efectos de distinta naturaleza sobre la
escuela como entidad o sobre sus actores considerados individual o grupalmente.
Los elementos paradigmáticos de la identidad de la Escuela.
Los consideramos como los elementos que están a la base de las orientaciones del desarrollo
de la identidad, no sólo del “deber ser” de la escuela, sino como la base sobre
la cual se sustenta el devenir histórico de la identidad misma de la escuela.
Sin ellos no hay pasado, presente ni futuro de la Escuela , en cuanto
institución con una identidad que la caracterice como tal.
1.- Los modelos
de vida.
Fueron originalmente elementos paradigmáticos utilizados
por las escuelas particulares, pagadas y gratuitas, de orientación religiosa,
especialmente católica.
La permanente relación que se hace del proyecto educativo
con la persona de un santo o una persona destacada en la historia, utilizada
como modelo de conducta y valores a seguir, se constituye en un paradigma al
cual imitar a través de todas las ideas y acciones que se llevan a cabo en la
escuela, configurando con ello parte importante de la identidad propia.
2.- Tradiciones
específicas existentes en la escuela y la comunidad.
Toda escuela y toda comunidad, por ser tal, tienen tradiciones
que se han ido formando con el transcurso de los años o por la convivencia que
se da entre sus miembros.
Los seres humanos tendemos a crear tradiciones, aún en los
grupos mas pequeños y nuevos. Desde el momento mismo que nos relacionamos como
personas o como actores educativos, destacamos ciertas formas de ser que se
convierten de inmediato en parte de las características del grupo y por lo
mismo, parte de la tradición (del pasado), que puede actuar como elemento de
cambio o conservación de las identidades que se van construyendo en la propia
escuela.
Cuando las escuelas tienen algunos años de existencia esas
tradiciones existen, aunque sea de manera informal y será tarea de los actores
educativos que se preocupen de la búsqueda y explicitación de las mismas. Las
tradiciones, los hechos del pasado que tienen presencia en el presente y que
pueden ser proyectados al futuro, están a nuestra disposición y son parte
importante de la identidad que intentamos descubrir o construir.
3.- Pautas culturales y valores globales
vivenciados.
Al igual que las tradiciones, las pautas culturales existen
y ellas, como realidad, están muchas veces más allá de los propios individuos
que las sustentan. Tienen, por esto, un
carácter supraindividual y la mayoría de las veces su existencia sobrevive a
los individuos. Por eso es tan importante que en la construcción o
descubrimiento de la identidad consideremos seriamente la existencia y
naturaleza de estas pautas (normas, costumbres y usos) y de los valores que las
sustentan.
Todos los individuos las y los vivencian. Lo importante es
saber cómo han vivenciado estas pautas y cómo han sido o son percibidos los
valores que las acompañan de manera siempre indisolubles. El aclarar cuales son
estas pautas culturales y valores y saber cómo se perciben por parte de los
actores educativos es una forma de penetrar el tema de la identidad de la
escuela, ya que estos elementos paradigmáticos la conforman en parte
importante.
4.-
Historia y cultura del sistema
educacional nacional
Otro elemento paradigmático que tiene importancia en la
conformación de la identidad de la escuela, es la propia historia y tradiciones
del sistema educacional, considerado en su conjunto. Este influye en cada una y
todas las escuelas que lo conforman no importando su tipo de administración o
sus modos de desarrollo. El sistema educacional tiene, en su conjunto,
características que lo singularizan, y eso hace posible que cada unidad del
mismo comparta con el todo, alguna o muchas de sus singularidades.
De ahí que cada escuela tenga algo en si misma de lo propio
del sistema educacional y por otra parte, elementos que la distinguen de otras,
aunque pertenezcan a una matriz comun (el sistema educacional en su conjunto).
Lo importante, en este caso, es conocer la historia de la educación, para ver
cómo ella ha configurado las formas en que la escuela se presenta hoy, con sus
características de identidad.
Rol de los actores educativos.
La búsqueda o diseño de la identidad de la escuela es una
tarea en la cual deben participar los actores involucrados en la tarea
pedagógica de manera ditrecta o indirecta. Por eso, a los profesores y alumnos
los deben acompañar necesariamente en esta tarea las familias de los mismos,
con el fin de que trasmitan sus necesidades y expectativas educativas, con el
fin de patentizarlas en el curriculum de la escuela.
Es importante recalcar, en esta ocasión, que los decretos
curriculares del Ministerio o Secretaria
de Educación, para todos los niveles, permiten un amplio margen de
flexibilidad curricular, independiente
de los sectores y subsectores de aprendizaje señalados en éstos. Esta
flexibilidad, sin duda, puede ser utilizada para trabajar este tipo de temas,
como la propia identidad del establecimiento educacional, la cual se debe
conformar por los aportes de los diversos actores que participan en los
procesos educativos que se dan en la escuela.
En este sentido la comunidad debe estar representada con
sus propios proyectos locales de desarrollo. Existe la experiencia de que los
Estados o las comunas, mediante la acción de diversas instancias
administrativas, han realizado experiencias participativas en el diseño de sus
Planes Anuales de Desarrollo Educativo o en la confección de los proyectos de
desarrollo educativo institucional (PDEI) de cada establecimiento educacional.
Estas experiencias, vividas, sin duda, de muy distinta manera, constituyen un
cúmulo de experiencias que deberían ser consideradas en el momento de descubrir
o desarrollar sus propias identidades.
La necesidad de métodos apropiados de trabajo
La gestación de la identidad no es un trabajo simple, pues apunta, ni mas
ni menos, a aquello que hace que la escuela sea lo que es y no otra cosa, con
sus características más propias y relevantes. Y aquello que hace que la escuela
sea lo que es y no otra cosa, están en las conciencias de aquellos que
participan en su vida cotidiana y en aquellos que la perciben desde afuera, por
llamarlo de alguna manera.
De ahí que estemos ubicados, en este caso, en el campo mismo de la intersubjetividad, es
decir, en el mundo de las realidades que se crean por la convivencia natural
entre los actores o por los acuerdos mas
formales que se puedan producir entre ellos, por intereses o proyectos grupales
o individuales. La identidad es el producto, expresado, de una configuración
intersubjetiva, que se desarrolla por el contacto cotidiano entre los actores
entre sí y entre éstos y el mundo que los circunda, lo cual les permite ir
modificando sus percepciones del mundo de manera permanente, reservándose para
sí los elementos de estabilidad existentes en la realidad.
Estas realidades vividas y percibidas deben ser
compartidas por los actores educativos. Nada mejor, por lo tanto, que el grupo
de personas que integra la escuela se convierta en un equipo de trabajo que
tenga como misión de su accionar el descubrimiento o construcción de la
identidad, que entre otros elementos está conformada por las percepciones de
los propios actores involucrados. De ahí que el tema de la identidad toque de
manera tan fuerte a las personas, ya que ellas están directamente involucradas
en la definición de la identidad institucional y con ello, de manera indirecta,
de si mismas.
Por eso es necesario buscar métodos de trabajo que,
siendo participativos, consideren las intersubjetividades y a la vez, logren
objetivar al máximo los elementos que conforman la identidad. Para ello
proponemos, en primera instancia, el “trabajo en equipo”, “el análisis estratégico FODA” y “el método de proyecto”, como algunos de los tantos que se
pueden utilizar para buscar o construir la identidad, tanto en la dimensión de
su diagnóstico como en sus proyecciones (los describimos en otro documento de
estudio sobre el particular)
Hacia
la construcción de una identidad personalista y democrática de la escuela: el
tema de la participación y la
convivencia.
Las escuela debe
tener un horizonte. De acuerdo a la tradición,
las sociedades occidental, y de manera especial en estas últimas décadas
las sociedades latinoamericanas, viven tendencias
que llevan a la existencia de procesos de democratización y personalización de
las sociedades.
De alguna manera es
ya común que todos concuerden en respetar las diversidades, el pluralismo, la
consideración de las minorías, el respeto a los derechos humanos, el
acrecentamiento de la paz, la no discriminación, una mayor y mejor distribución
de los bienes económicos, sociales y culturales, acceso a servicios de salud,
educación y vivienda de calidad, comunicaciones globales casi sin
restricciones, consideración y respeto creciente por las etnias, preocupación
por el medio ambiente, la igualdad de los sexos, la libertad religiosa y
política, el liberalismo de las costumbres, la aprobación de leyes que tienen
relación con la familia y su funcionamiento, libre mercado, se mantiene el
poder regulador de las instancias públicas, surgen nuevas organizaciones
sociales, se produce un avance tecnológico antes desconocido.
El mundo vive un
momento de cambios tan profundos y extensos que afectan toda la vida social y
cultural de los pueblos, en el cual lo
más característico es la propia falta de seguridad. Los sujetos están sujetos a
la incertidumbre, que se levanta como una categoría de análisis importante para
comprender el mundo contemporáneo.
De ahí la necesidad
de construir espacios de estabilidad para darle continuidad y sentido a las
tareas que emprenden las personas. Esta estabilidad siempre estará en tensión
con la incertidumbre ambiente, pero es fundamental crearla, para darle
seguridad vital a los actores educativos en su tarea cotidiana.
Un medio para lograr
esto, es abrir los procesos de participación en la gestión educativa y mediante
los cueles los actores educativos sientan que participan en la construcción de
una obra común: la educación de sus hijos, la educación de sus alumnos.
La participación, así
vista, es un proceso complejo, que implica, eso sí, la construcción de sentidos
comunes a las tareas que se realizan. De acuerdo a Serafín Antunez[1]
la participación cumple algunas finalidades que sería bueno darlas a conocer en
esta oportunidad:
1. Participación
Educativa, que pretende preparar y capacitar a los miembros de la comunidad
escolar y no solamente al alumnado, para la democracia, la autonomía y la
libertad responsable.
2. Finalidad Gestora,
entendida como la contribución a las tareas de organización, funcionamiento y
gobierno del establecimiento educacional.
3.- De colaboración
en la toma de decisiones curriculares, para ayudar a loos profesores a que
tomen decisiones compartidas respecto al diseño, la planificación y desarrollo del curriculum.
4.- Finalidad de
control social, en la medida que permite la participación de los estamentos no
docentes intervenir en procesos de supervisión de la actividad general del
establecimiento educacional, en los aspectos administrativos y docentes.
5.- Interiorización
del Proyecto de Desarrollo Educativo Institucional (PDEI) del establecimiento
educacional, cuando mediante el ejercicio de la participación se constribuye a
conocer y asumir los objetivos de la institución y a aumentar la motivación y
el sentimiento de pertenencia de sus miembros.
[1] Antunez, Serafín y Gairín, Joaquín “La organización escolar. Prácticas y fundamentos”, Editorial Graó,
Barcelona, España, Julio 1996.


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